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HISTORIA DEL RON VIEJO DE CALDAS

Historia del Ron Viejo de Caldas

En 1911, según ordenanza número 36, la Asamblea del Departamento de Caldas organizó las rentas de licores, tocando en algunos de sus artículos a las bebidas como la chicha y el guarapo. En 1919, esta nueva organización genera la necesidad de instalarse adecuadamente, iniciando con la fábrica de licores en la ciudad de Pereira y las destilerías de tipo artesanal en Manizales, Armenia, Riosucio, Salamina, Aguadas y Manzanares. En ese entonces, un Guarda de Rentas y los “estancos”, surtidos por dichos sacatínes, coordinaban la actividad. Las recuas de mulas eran el medio de transporte para los sacatínes, quienes, 30 años después, seguían llevando el ron a los municipios sin carreteras.

En 1924, fue nombrado Guarda de Rentas Departamentales de Caldas don Joaquín Vieira Gaviria, quien se desempeñaba desde 1919 como gerente de Rentas del Tabaco en Antioquia. A los pocos meses de asumir el cargo, se llevó a cabo en Pereira una exposición donde la industria licorera del Valle exhibió un pabellón de licores y alcoholes perfumados. Fue allí donde don Joaquín concibió la idea de instalar una fábrica similar. Para ello, contrató al técnico cubano de origen catalán, Ramón Badía.

Ramón Badía aceptó participar en el proyecto de crear la “Fábrica de Licores Finos y Perfumes” en Caldas, para elaborar rones y otros licores de muy buena calidad, además de aguas de colonia para uso doméstico y peluquería, y perfumes de varias clases. La fábrica fue instalada y en 1927 se trasladó a los sótanos del “Edificio Alberto Mesa Abadía”, recién construido. Este edificio, de estilo republicano, fue declarado Monumento Nacional en 1933, y actualmente alberga la Dirección Departamental de Cultura de Risaralda.

En 1928, Ramón Badía concibe la fórmula del Ron Viejo de Caldas, elaborado a partir de alcohol destilado (tafias), mezclado con infusión de frutas, cuyo añejamiento en barriles de roble le proporciona el sabor que es reconocido tanto en el país como en el mundo.

Tomado del libro «La Magia del Ron Viejo de Caldas 80 años», pág. 99.

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